Pescador de estrellas

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Era una de esas noches vacías, con silencios  prestados y preguntas abiertas.

Un hombre sentado a orillas del rio estaba pescando estrellas, y en cada estrella había una

historia.

-… ¿Me recuerdas?… – la pregunta era casi un susurro, aunque pensándolo bien tal vez carecía

de sonido.

-¿Me recuerdas? – volvió a preguntar- ¿Recuerdas el  brillo en mis ojos?-

El hombre acerco su rostro y en sus tristes ojos  solo se podía apreciar un pálido gris, tenía la mirada en un punto fijo, miraba sin mirar.

A pesar de lo decolorado que tenía los ojos, Si observabas con más detalle, podías darte cuenta que antaño este hombre había tenido los ojos tan oscuros como la profundidad de un abismo.

El hombre se levanto y le echo una ojeada al rio, luego su mirada ascendió a la luna, era una redonda luna llena, Rio entre dientes y dirigió sus palabras al vacio.

-Aunque lo preguntes con esa mirada arrepentida y llena de melancolía, aun te encuentro grotesco, tu forma real se ha perdido, todos aquellos viajes que has hecho han tomado factura, ahora eres una vasija rota y la locura se está apoderando de ti, pero aunque la lastima nunca ha sido mi fuerte te contare lo que recuerdo.-

Camino hasta el final del muelle y acomodo su caña de pescar junto a los otros utensilios de pesca y prosiguió.

-Sí, recuerdo los días en que tus ojos brillaban como luz de luna. Peligrosos como noche en altamar, guardando una esperanza irreal.

Tenías preguntas en cada espacio de tu cuerpo, y anhelabas respuestas como un sediento en el desierto. Te guiabas por el instinto y caminabas entre bestias con la seguridad inocente de un bebe. Coleccionabas conocimientos  en frascos como un coleccionista de mariposas, y cuando se llenaban solías regalarlos a los pobres de espíritu. No albergabas miedo pues te alimentabas de fe.

También recuerdo el fulgor de tu alma, eras como una llama incandescente que iluminaba ciudades enteras. Tu voz era un relámpago en una noche despejada, hacía temblar a los arboles,  tus palabras eran como rayos cargados de electricidad que se estrellaban sin compasión en el corazón de los hombres…

Pero Aquellos días en los que el abismo de tus ojos me parecía infinito. Aquellos días en los que rebozaban de vida se perdieron con las tormentas que el destino, tan irremediablemente caotico, dejo para nosotros. Los sonidos de la tormenta tan incomprensibles aun están grabadas en mi cabeza y aun me parece oir una carcajada gutural en el centro de esta. El jinete de la tormenta, suele perseguirme en sueños terribles.-

El hombre rio para sus adentros, se agacho y toco la superficie del agua. Había una pisca de ternura en los ojos del pescador. Podría decirse que hasta sentía pena.

– ¿No lo recuerdas tu? ¿No recuerdas las batallas que luchamos juntos? ¿Las heridas que nos marcaron  el alma? Cuanto de ti hay en esa vasija, sé que no se ha derramado toda tu cordura, pues puedo ver que en tus ojos, aunque opacos y desgastados, hay algo del color que les correspondía.-

Se hizo un silencio profundo, ni los grillos se atrevieron a romperlo por temor a que el mundo

colapsara ante la mirada llena de ira que tenía el pescador de historias.

El pescador se irguió en todo su esplendor y con el puño apretado golpeo con fuerza la madera que sostenía el muelle.

Un sonoro crack retumbo y por un largo minuto el eco recorrió todo el rio. El pescador le grito al rio.

-Cuéntame la verdad!!- estallo – Dímelo sin rodeos, cuéntame si en el mar del tiempo, allá en alguna isla deshabitada abandonaste la esperanza. Dime si aventaste por la borda todo lo que aprendiste en algún arrebato de locura, Si el dolor presiono tan fuerte tu corazón que exprimió todo tu valor… Quisiera conocer como dejaste que todo esto sucediera.-

El reflejo del pescador se hizo borroso por las pequeñas olas que surgieron al golpear el muelle y cuando la forma del pescador empezó a recobrar claridad, este se miro así mismo encendido por la ira, y noto que sus ojos estaban más negros de lo que nunca habían sido. Sonrió.

– Pasión, eso es lo que perdí.- El mismo susurro que carecía de sonido se hizo fuerte en la mente del pescador.

Pero el pescador sabia que a veces el mar nos arranca cosas y si seguimos pescando en su lecho, siempre terminemos recobrándolas.

Tomo sus cosas y subió a su bote, le dijo adiós a su reflejo con la esperanza de que la próxima vez que lo vea este tendra una forma mas imponente y continuo su camino hacia altamar.

chris-johns-night-fisherman-in-a-dugout-canoe-on-the-zambezi-river

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